Nos gustaría ver cómo reaccionaría la señorita Anastasia o
el propio pionero Robert Cornelius si conocieran la situación actual de
los selfies. Posiblemente se escandalizarían por ver que las autofotos se
utilizan de forma habitual para dejar salir nuestro lado más sensual, pícaro y
juguetón. Algo muy distinto a 1900, cuando los selfies eran, o muy serios, o un
poco divertidos y locos, propios de una sociedad que estaba estrenando un nuevo
tipo de tecnología. Hoy día todo es distinto.
Los fabricantes saben que los selfies son los que mandan
para muchos usuarios. Son numerosas personas las que deciden adquirir un móvil
dependiendo de si tiene una buena cámara para selfies. Y en este sentido os
podemos hacer algunas recomendaciones. Dejamos de lado el iPhone, porque no es
precisamente lo mejor para las autofotos. Su competencia sí que tiene móviles
interesantes para ello.
Por ejemplo, el Samsung Galaxy Note 4 tiene un sistema
de disparo rápido que no requiere esforzarse demasiado para hacer fotos con
la cámara frontal. Su tamaño también ayuda para capturar mejor nuestro
rostro en todo su esplendor.
Por último, hay selfies que se han hecho famosos, pero no por los mismos motivos que los
anteriores ejemplos. Se trata de los selfies que han puesto en peligro las
vidas de quienes han aparecido en ellos, o incluso que han muerto en el
proceso. Han sido varias veces las que se han registrado accidentes solo con la
intención de conseguir el mejor selfie. El caso más reciente se produjo en
noviembre de este año en Sevilla, donde una turista polaca falleció al caerse
del Puente de Triana.


No hay comentarios:
Publicar un comentario